domingo, 10 de marzo de 2013

Cuando el País Vasco vende una empresa, algo tuyo se pierde

En los últimos días se han producido noticias dispares en torno al futuro de algunas empresas vascas. De un lado, la cruz, con la venta de la biotecnológica Progenika, adquirida por la catalana Grifols. Era -todavía lo es, aunque vaya usted a saber por cuánto tiempo- la 'joya de la corona' de ese incipiente sector de actividad ligado a las investigaciones genéticas. De otro, la cara, el anuncio de Vicrila, fabricante de vidrio de mesa y ubicada en Leioa, de su inversión en México para construir una nueva factoría. Vicrila estaba sentenciada a muerte por sus antiguos propietarios, la multinacional francesa ARC, que llegaron a anunciar el cierre en 2009, pero la adquisición por parte del equipo directivo y el respaldo del Gobierno vasco han obrado el milagro. Hoy, lejos de cerrar, mantiene más de 300 empleos directos, cierra sus cuentas anuales con beneficios y va a invertir 45 millones en México. En el mismo lado de las noticias positivas ha estado la adquisición de la empresa norteamericana Current, por parte del grupo Ormazabal, aunque con menor relevancia económica que los dos casos anteriores.Social Media for Business here

Nada más lejos de mi intención que demonizar a quienes venden, aunque tengo para mí que las plusvalías obtenidas con la transferencia de acciones, que dé lugar al cambio del control sobre las empresas, debería estar un poco más penalizada en su vertiente fiscal. Tengo para mí que muchas de las operaciones de venta de la última década han sido huidas hacia adelante. La incapacidad para recapitalizar las sociedades con recursos propios, bien porque la generación de beneficios es escasa o porque los accionistas locales no pueden o no quieren arriesgar más, ha puesto en la puerta de muchas de ellas el cartel de “se vende”. Pero que nadie venda esto como un éxito. Es un fracaso como la copa de un pino. Cuando el País Vasco pierde el control accionarial sobre una empresa no es sino el principio de la pérdida de muchas cosas: primero viene el centro de decisión, que se desplaza hasta el cuartel general del nuevo propietario. Más tarde vienen los cambios en los proveedores y, en muchos casos, la pérdida de empuje e incluso la desaparición total por absorción.

Si vender es tan bueno, ¿por qué hay gente que se pone de los nervios cuando alguien quiere tomar el control de Iberdrola?

Si Euskadi fuese Silicon Valley y cada semana surgiese de la iniciativa empresarial autóctona un proyecto de éxito internacional, la venta de empresas sería un sinónimo de éxito. Pero como eso no sucede, hay que hacer un análisis crítico para convenir que, en los tiempos que corren, esto es más bien la manifestación de un fracaso. El de la ausencia de grupos financieros potentes, que anclen las compañías a Euskadi, que fuercen el mantenimiento aquí de sus centros de decisión, que permitan el desarrollo de nuevos servicios asociados y, en definitiva, que garanticen que los éxitos empresariales se convierten en catalizadores exponenciales de la generación de empleo.

Si en el mundo del fútbol se considera un fracaso que un jugador mimado en la cantera coja la maleta para poner sus piernas al servicio de otros, por mucho que esa fuga deje decenas de millones de euros en las arcas, ¿por qué en la actividad empresarial hay quien considera un éxito la venta de unas acciones y la fuga del centro de decisión?

Analicemos la cuestión en la dirección contraria. Que Iberdrola haya adquirido empresas en Estados Unidos y Escocia es objetivamente bueno para la economía vasca y en especial para su industria. Más en concreto, para las compañías que han sido proveedores habituales de la eléctrica. Así, es fácil ahora comprobar cómo el grupo Ormazabal, Arteche o Tamoin trabajan ya en estos dos países como suministradores de Iberdrola. No es difícil adivinar, por tanto, que estos proveedores han desplazado a otros que suministraban a Energy East y Scottish Power hasta la llegada de Iberdrola a su accionariado. Así las cosas, cuando ocurre lo contrario, cuando una empresa adquiere una firma radicada en Euskadi, es lógico que suceda lo mismo y que proveedores actuales sean desplazados por otros que arrastra el nuevo accionista. El mundo gira en torno a la confianza y las cosas funcionan así.Social Media for Business here



fuente: http://www.elcorreo.com/alava/20130311/economia/cuando-pais-vasco-vende-201303101938.html&ct=ga&cad=CAcQARgBIAAoATAAOABArsz0iQVIAlgBYgVlcy1FUw&cd=daekloupMzQ&usg=AFQjCNGEPm7JSFSyW4uHl4gVD3bMOSsp5w

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